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Se habla mexicano


"El que no quiere a su patria no quiere a su madre" -"Latinoamérica", René Pérez
"El que no quiere a su patria no quiere a su madre" - "Latinoamérica", René Pérez

Una de las preguntas más comunes que me han hecho al inicio de cada curso es la siguiente:

“¿Y qué tipo de inglés vamos a aprender, americano o británico?”, a lo cual el diálogo es el siguiente:


- “¿Ustedes cuál creen que sea el mejor?”, y entonces el grupo se divide:

- “El americano”, dicen unos. “El británico” dicen otros por allá.

- “¿Porqué?”

- “Ah pues porque es el más común”, dicen los primeros

- “No, el británico porque es el inglés original”, dicen los segundos.

- “¿Cuál les gusta más?

- “El británico, porque suena padre”

- “El americano, porque es más fácil de entender”

- “Si, además es el inglés que conocemos porque estamos más cerca de Estados Unidos que de Inglaterra”.

-“¿Y ustedes qué inglés hablan?”

Silencio.


Nadie dice nada y todos me miran con cara de “ya díganos la respuesta correcta”, pero lo que ellos no saben es que a veces las meras ideas -e incluso los estereotipos- nos llevan a pensar y hacer cosas que no deberíamos, como preguntarse qué tipo de inglés es mejor, o incluso decirme “Es que si no eres nativa no quisiera tener clases contigo”, porque se tiene la falsa idea que tal o cual tipo de idioma es mejor a partir de … no se de qué , en realidad lo ignoro. Y es que la mejor parte de dedicarse a las lenguas extranjeras es darte cuenta que no hay bueno ni malo, correcto o incorrecto, sino diferente, único, y que esa es la razón por la que enriquece tanto. Lo nutritivo de esto es cuando no se queda solamente en el campo de los idiomas, sino cuando lo trascendemos a la vida diaria.


"Es cuando estudiamos lo ajeno que entendemos más sobre lo propio"


Si, es cierto que los idiomas son esa puerta de acceso a algo nuevo y diverso, a ideas y perspectivas diferentes de un mismo suceso, sin embargo, cuando lo estudias no solo aprendes de lo extranjero, sino también de lo propio, de la cultura de tu lugar de origen y hasta aprendes de tu propia lengua materna. Incluso, me atrevería a decir que es cuando estudiamos lo ajeno que entendemos más sobre lo propio, porque inevitablemente debe reafirmarse (y entiéndase cuestionarse, explorar, curiosear) un punto de partida para poder concebir lo nuevo, uno que sea la concepción única que cada quien tiene a partir de su propia cultura, la percepción o visión que se tiene a partir de su medio. Es vital una base, un punto de arranque cultural para que un buen intercambio cultural sea posible, y acá entre nos, lo ideal es no esperar que éste se dé cuando estemos en un nivel avanzado de lengua, sino que esté presente desde el día uno.


Estudiar un idioma no es aprenderse de memoria una lista de vocabulario ni hablarlo es traducir palabra por palabra para crear frases, incluso tampoco es imitar el acento de algún lugar específico como para reafirmar que tal o cual tipo de variante del idioma es mejor que el otro. Y en el caso del inglés, no se trata de si el inglés británico o norteamericano es mejor que otro, porque tampoco se trata de poner en una balanza de juicio a las lenguas sino de que éstas se adapten y adopten al medio en donde se estudien, es decir, reconocer el entorno cultural de aquel que esté estudiando idiomas hará que la lengua meta se amolde, se ajuste convenientemente al lugar donde se estudia.


Fue hace al menos unos 8 años que vi un video del lingüista David Crystal que decía justamente que el momento en que una lengua se adapta y adopta es cuando ésta es usada para hablar acerca de los modos de tu vida, de tus costumbres, del lugar donde vives, tu cultura e incluso de ti mismo, y que ya cuando eres capaz de hacer eso entonces ahora sí que estás inmerso tanto en el idioma extranjero como en tu propio medio, pues lo conoces lo suficiente como para hablar de él fluidamente. No se cómo es ustedes que visualicen esta idea, pero yo por acá me la imagino como una perfecta fusión de los dos elementos clave que hacen al hablante de lenguas extranjeras.


Pero las cosas no terminan aquí, porque al crecer la popularidad de una lengua también aumentan las variaciones que ésta tiene, se crean formas, expresiones nuevas que nacen a partir del lugar en que se estudia y practica. Por ejemplo, entre mis alumnos tengo a Pedro, quien con un buen nivel de inglés tiende a inventarse frases basadas en expresiones mexicanas, así que un día se le ocurrió la frase “He is a very happy eye” haciendo referencia a que a uno de sus amigos le gustaba mucho coquetear con otras personas diferentes a su pareja. Ese momento de la sesión evidentemente resultó en carcajadas, tanto por las ocurrencias de Pedro que suelen ser constantes, como por la habilidad que tuvo para no perder el hilo de la conversación y poderse dar a entender en otro idioma, y quizá es como también menciona David Crystal, en que esa frase es gramaticalmente correcta, la pronunciación créanme que fue buenísima y el vocabulario perfecto, sin embargo a oídos de alguien que no conociera el medio que Pedro y yo compartimos, esta expresión carecería completamente de significado.


Y ¿entonces qué? ¿Está mal? ¿Es incorrecto que se exprese así? En realidad no, pero lo que tal vez haría falta es que Pedro se comunique en un ambiente con una cultura en común en donde sea comprendido con su mensaje de tal manera que aquel que lo escuche pueda seguir el chiste y continúe la conversación sin ningún problema. Así que después de reírnos un buen rato con las ocurrencias de Pedro, sí me pareció necesario hacerle notar que como hablante él no solo tiene la capacidad de crear expresiones nuevas, sino que hablar una lengua fluidamente también tiene que ver con la habilidad para adaptarse a diversas circunstancias y así poder identificar cuándo sí una de sus expresiones podrá ser comprendida y cuándo no. Y lo que una tarde inició con una buena carcajada está resultando en ser el momento para que Pedro comprenda que no se trata de hablar un inglés británico, norteamericano, sudafricano, australiano, sino uno que sea propio y maleable, uno que se adapte a lo que naturalmente él expresaría en su lengua materna.


Practicar un idioma no solo es hablar sino exponerse a todos los medios posibles en donde la lengua meta se hable

De una forma similar, tengo a Alex un alumno extranjero que cuando traduce una frase al español me pregunta qué tan natural suena y si es correcto aplicarla en el contexto en que se le ocurrió. Y es que lo interesante de Alex es que él tiene muy claro que practicar un idioma no solo es hablarlo sino exponerse a todos los medios posibles en donde la lengua meta se hable, en su caso el español, por eso se la pasa hablando con gente nueva cada que puede, ya leyó tal libro, ya vio la novela en la tele, ya vio la película extranjera a la que no le entendió nada pero es que no se quiere perder la oportunidad de adentrarse lo mas que se pueda al español. Lo interesante de ambos casos es que aunque Pedro y Alex vivan a miles de km de distancia ambos comparten un patrón: hacer propia la lengua extranjera, dejar de concebirla ajena.




- “¿Y ustedes qué ingles hablan?”.

Nadie dice nada, todos en silencio y me miran con cara de “ya díganos la respuesta”, sin embargo en ese mismo momento hay un Pedro y un Alex en el mundo que son perfectamente capaces de expresarse en otro idioma, ambos con un acento, que si bien no es muy marcado, sí es fácil notar que ninguno de los dos es hablante nativo de la lengua que estudian, por lo que estas preguntas de ¿cuál inglés es mejor?, o ¿cuál vamos a estudiar este curso?, pasó a ser un tanto irrelevante. Vamos a ser honestos, en mi experiencia, el origen de estas dudas tiene que ver más con el prejuicio, con las falsas ideas sobre la lengua y del hablante que prefiere esconder o disfrazar su propio origen, ésta es una pregunta que tiene como fin juzgar, apremiar y castigar a las variantes de un mismo idioma, lo cual no tiene cabida alguna, no podemos poner en una balanza a las lenguas para medirlas, pues además ¿a partir de qué las mediríamos?, ¿cuál sería nuestra referencia? Acuérdense que en el campo de los idiomas no hay correcto o incorrecto, bueno o malo, sino diferente, único. Las lenguas son un buenísimo ejemplo de la variedad de seres humanos, los matices de sus ideas, sus interpretaciones diversas, que enriquecen y que comparten un mismo espacio.


Bueno, ¿y entonces qué tipo de inglés hablamos aquí?

Uno mexicano. Porque solo basta con mirarnos los modos, la manera en que entendemos el mundo, nuestra identidad, y así, sin miedo presentarse al mundo como el mexicano que habla idiomas. Por supuesto que es importante seguir reglas de pronunciación pero está bien también aceptar tu propio acento, y aunque tal vez éste no se note también se vale presentarle al mundo tu origen a través de tu forma de ser. También porque, encariñado con tu origen, lo exploras y lo conoces, por lo que estás listo para intercambiarlo y en ese acto ampliar mas la percepción de tu realidad, ¿quién sabe? en una de esas puede que tengas el placer de experimentar aquello de que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” y no solo quedes en la fase de aprenderte listas de vocabulario, sino que vayas mas allá y permitas que los idiomas amplíen la visión que ya tienes del mundo.



 

- Yaz Nájera, que no sabe si se enamoró primero de los idiomas o de la cultura, o de ambas al mismo tiempo.












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